Sunday, June 21, 2009

En el día del padre y del hijo

Cuando yo era chica, un sábado cualquiera con mi viejo empezaba después de almorzar, cuando papá sacaba la sección Espectáculos del diario La Nación y birome en mano marcaba las cosas que podían interesarme.

Función de teatro en el General San Martín o quizás una peli en el cine Los Angeles, en Corrientes y Callao. Las marquesinas del Los Angeles me encantaban, con los personajes de Disney colgando desde el cielo.

Cruzando la calle, el cine Alfil, donde también había a veces películas para chicos, y creo que al lado un Pumper Nic, de parada obligatoria.

Después de la función, caminábamos Corrientes abajo metiéndonos en las librerías o parábamos en La Giralda para un chocolate con churros.

El paseo solía terminar en la calle Florida y las vidrieras de dos jugueterías: El Duende Azul y, mi favorita, El País de las Maravillas.

A mí me gustaba mirarlas de afuera, no porque fuera un niño de Vivencia, sino simplemente porque no había ningún juguete que quisiera en particular. Nunca entrábamos.

Lo que a mí me interesaba era la vidriera. El País de las Maravillas tenía un display giratorio, de varios pisos, y como con la calesita, yo esperaba otra vuelta a que pasaran los juguetes que me gustaban.

Volvíamos a casa ya de noche, con algún libro bajo el brazo y seguro seguro, un muñequito de mijo o tal vez un póster, comprado en las disquerías pedorras de calle Lavalle.

Feliz Día del Padre, viejo.

Friday, June 12, 2009

Viernes 3 A.M.

Seru Giran. Está todo dicho.

Los dejo con un poco de historia. La tuya y la mía. La segunda parte acá y la tercera aquí.

Si te da, contame tu historia con Seru.


Wednesday, June 3, 2009

Pero que sea de frutilla

Sí, sí, yo sé que el Biznikke todavía existe. Y si me lo permiten, ya no sabe igual.

Pero de lo que yo quería hablar no era del Biznikke común, de papel envoltorio celeste y blanco con figurita alegórica de esquimal en iglú. ¿Ahora esquiador?

No, a mí lo que siempre me tuvo perpleja era el Biznikke nevado de frutilla. ¿Se acuerdan? Era un caso de esperpento ayogurado, con bizcocho y chocolate y un agregado frutilloso de color rosado.

Y creo que, al menos en los 70, también había otros sabores. ¿Banana? ¿Ananá? Este con envoltorio verdoso y figurita de hawaiana. ¿Moco? ¿Menta? Puaj.

Lo peor, es que creo que los probé todos, y el mal recuerdo me persigue. Como un caso de Chuky clonado, los Biznikkes saborizados se replican y en mi memoria viven en un estante de la alacena, justo al lado del Nesquick de Frutilla y detrás del de banana.

Puaj, y tres mil veces, puaj. Este... ¿A nadie le quedó un pedacito?