Sunday, October 25, 2009

Que te escuche mongo

Como si fuera sólo para comprobar que el mundo está efectivamente globalizado, mi amiga Susan - una asturiana/gallega/británica que se sumó a mi vida en Estados Unidos - me mandó desde Coruña una canción del colombiano Esteman que habla sobre las bondades de Facebook.

El tema me simpatizó, pero en dos milisegundos me encontró pensando no en la pronta actualización de mi estado sino en un grupo argentino de la década de 1980 que bien podría haberlo compuesto y que, más importante aún, entre bikinis y lunares me cantó unas cuantas verdades.

Viuda e Hijas de Roque Enroll: Señores, a agarrarse la peluca, ay que se te zafa el slip.

Corría la temporada de verano 1984-85 y además de llamarnos la atención sobre la depilación al sistema español, las Viudas reinventaron el twist, adaptaron viejas letras al argentino y aportaron con su estética y sus composiciones una novedosa picardía.

Algunos las definen como el primer grupo del rock argentino integrado únicamente por mujeres, pero lo que a mí me encantaba de ellas es que fueron las primeras - y creo las únicas - en abordar temáticas femeninas, desde una óptica femenina casi tabú y secreta, con un desenfado y un desparpajo de ese que yo llevo en la sangre.

Ni nos detengamos en el oprobio de admitir que uno debe depilarse (¡horror!), con sólo escuchar "El Templo del Azulejo" sobre los secretos de ese lugar perfecto o "Tras la medianera", sobre los anhelos y represalias de una muchacha que se mide la pollera en pos de la media medalla, queda claro que las Viudas se atrevieron a confesar intimidades del colectivo femenino que suelen quedar ocultos para nuestros congéneres masculinos.

Frases como "Lollipop, lollipop, mi bien, mi tesoro, te ruego te imploro que te bajes el pantalón" y lindeces como "atendeme la planta baja" habrán dado cuerpo a las fantasías de más de una. Mientras que "La familia argentina", del tercer disco "Vale cuatro", se metía con las apariencias y "Qué le digo a los chicos", del segundo disco "Ciudad Catrúnica", contaba las tribulaciones de una madre con un marido afecto a los ruleros.

No me voy a meter con "Estoy tocando fondo" y el FMI, ni con la culpa de Martínez y "Plata, Plata", un cover que me remite al "Pata, Pata" de la época de mi vieja y a la excelentísima cantante y líder sudafricana Miriam Makeba, porque eso es ya otro tema y muy serio.

Pero la cosa es que yo aprendí mucho con las Viudas. El día que tuve que darle raje a un galán de turno pensé "dejá libre el sofá yo ya tengo otro galán que se quiere acomodar" y así fue.

En otra oportunidad, el muchacho que me gustaba, finalmente se decidió a darme bola, pero era tarde. Allá vinieron las Viudas al rescate: "En el disco anterior yo estaba al mango pero es cosa del pasado, olvidate de Hawaii con vos no quiero viajar ni en un tren a Castelar".

Años más tarde, ya disuelto el grupo y definitivamente en mi pasado lejano, las Viudas seguían resonando en mi cabeza.

"Arroz con leche me voy a casar y me vuelvo loca con todo lo que hay que comprar, hice la lista en un lugar muy chic, sospecho que nadie va a regalar nada de allí", creo que puso en mi cabeza la noción de que podía evitarse el casamiento tradicional. En mi caso no fue de reaccionaria, que podría haberlo sido, sino más bien de vaga. Eso de hacer la liiista, no, impensable. Ya me lo habían advertido las Viudas, es mucho trabajo. "¡Ay, qué impresión me da!"

Por allí tengo un amigo que se dice "La viuda de Seru Giran", a mí me encantaría ser la amante de Seru ya que no puedo ser su viuda, pero si el puesto todavía está vacante, algo que yo quiero ser es: la viuda de las Viudas.

Epumer sonríe desde allá.