Friday, December 31, 2010

Vamos ya a ser lo que será

Este año me reencontré con un amigo a quien no veía hacía muchos años. Almorzamos juntos y como ocurre con algunas personas, pareciera que el tiempo no hubiera pasado.

Pero el tiempo sí pasó. Nuestras circunstancias de vida han cambiado. Estamos lejos de los chicos de 18 años que éramos.

En esos tiempos, sonaba en la radio una canción de Sandra Mihanovich, del disco Sandra en el Paraíso de 1986, y nosotros escuchábamos el cassette hasta el cansancio.

Sandra me acompañó durante una gran parte de los 80 y ya volveré a ella. Pero por ahora, un poco en honor a mi amigo y a su nueva vida, los dejo con "No pares de soñar". El mensaje, todavía es vigente.

Feliz 2011, chicos. Vamos ya a ser lo que será.

Friday, December 24, 2010

¿Y vos, cuándo te enteraste?

Durante varios años, yo, igual que muchos de ustedes "creí" en Papá Noel. Les ponía pasto y agua a los renos y le dejaba galletitas al gordito.

La mañana de Navidad, corría al arbolito para descubrir los regalos y ni una vez se me ocurrió pensar que Papá Noel "eran los padres".

Días antes, a instancias de mi padres, le escribía la carta. Mamá siempre me recordaba que no me excediera en los pedidos, que había que ser medido y yo le hacía caso.

Los vecinos de enfrente, el día antes o el día después me decían que Papá Noel "había pasado por ahí también" y me traían regalos. Mis tíos, mis abuelos, todos los adultos decían lo mismo.

Al día siguiente, seguro alguien te preguntaba: "¿Qué te trajo Papá Noel?", así que todo cerraba.

Ni una vez se me ocurrió cuestionar la lógica de que un gordito vestido de rojo, volara por los cielos de mi ciudad y llegara desde el hemisferio norte a repartir regalos por los edificios de departamentos.

Hasta que un buen día, sentada con las piernas cruzadas entre mis amigas de la colonia de vacaciones, escucho que una fila más atrás, dos chicas más grandes conversaban sobre el tema. Yo tenía 8 años.

"¿Vos creés en Papa Noel?", dijo una. ¿Cómo "creés" en Papá Noel?, pensé yo. No sabía que era cosa de creer. No sabía que era optativo.

"¿Papá Noel? Son los padres", remató la otra.

Y así nomás, como quien se le cae el velo de los ojos, acepté la realidad más real, la lógica que cerraba. No había forma de que un gordito vestido de rojo, volara por los cielos de mi ciudad y llegara desde el hemisferio norte a repartir regalos por los edificios de departamentos. No tenía ningún sentido.

Desde ese momento, me hice experta en descubrir regalos escondidos, treparme a los armarios, revolver en las valijas y dejar todo exactamente como lo había encontrado.

Pero, durante varios años elegí mantener la ilusión de mis padres. Algo me dijo que no era yo la única beneficiaria de esas ilusiones infantiles.

Así que escribía la carta, ponía las galletitas y corría a la mañana siguiente a descubrir los regalos bajo el arbolito. Mis padres siguieron jugando a ser Papá Noel sin saber que su niña los espiaba desde el pasillo.

Hoy o mañana, cuando se levanten con sigilo a poner los regalos, no miren detrás de la puerta. Hagan desaparecer las galletitas y vuélvanse silenciosos a la cama.

Capaz haya un niño avispado espiando entre sonrisas, tratando de conservarle a los grandes el juego de la ilusión. No vayan a arruinársela ;-)