Tuesday, January 25, 2011

Sin ropita es mejor

Me dicen que en Buenos Aires hace un calor infernal. Yo digo, ¿y si siguen los consejos de Divina Gloria?

Qué calor, qué calor desnudita se está mejor y listo.

Del disco "Desnudita es mejor", de 1986, Divina Gloria.

Nunca fue santo de mi devoción, pero es innegable que dejó huella en mi memoria porque acá estoy bajo la lluvia de invierno, 25 años más tarde, recordándola.

Thursday, January 20, 2011

Y una flor adentro de un raviol

La semana pasada se murió María Elena Walsh. Mi primer recuerdo de ella es un grabador Sony, de cinta abierta, parecido al de la foto.

El grabador, grandote, pesado y de carretes a la vista, era de mi papá. Era un aparato serio que él usaba para trabajar y yo nunca pensé que de allí pudieran salir cosas tan lindas.

Papá guardaba las cintas, todas prolijitas, en cajas con etiquetas. Recuerdo que se veían todas iguales, ordenadas en los estantes. No había nada en ellas que me llamara la atención.

Hasta que un día, a la vuelta del trabajo, papá vino con una cajita distinta: llevaba mi nombre y era para mí. Adentro, una señora de voz muy particular cantaba canciones para niños.

"Pez de platino, fino, fino, ven a dormir en mi gorro marino..." Las palabras que salieron de esa cinta me abrieron la puerta a un mundo de descubrimientos. Giros gramaticales, rimas sin sentido, melodías preciosas.

Con sólo girar una perilla, la máquina negra cobraba vida y mi cabecita se llenaba de imágenes de colores que acompañaban los relatos.

Cuando fui más grande, comencé a volcar estas imágenes al papel y a veces hacía mini pelis que luego trataba de mirar con un visor. Pese a que ni el medio ni el aparato eran los más adecuados, yo me las ingeniaba.

Porque la cosa es que María Elena, no sólo contribuyó a desarrollar mi imaginación y mi gusto por la música, sino también mi curiosidad e inventiva.

Si uno escucha con atención, sus canciones y relatos están llenos de: IDEAS! Ideas fantásticas, ideas descabelladas, ideas, así, de esas de dibujarte la lamparita en la cabeza.

¿"El Reino del Revés"? Ah! Las cosas pueden ser todo lo contrario de lo que parecen. ¿"Todo lo que guardan los espejos"? ¿Cómo se hace un espejo? "El cielo en la vereda, dibujado está" Claro! Se puede hacer collage con pétalos - pasame la plasticola, aunque resulta que mejor me funcionó el engrudo.

Siempre que pasaba por la tintorería de mi barrio me preguntaba si era una plancha como esa la que habrían usado en París para planchar a Manuelita y pensaba que era una barbaridad. Que esa no es forma de planchar caparazones y si le habría dolido.

Y cada vez que escuchaba "tantos años tardó en cruzar el mar" no lograba decidir si Manuelita era una tortuga de agua o de tierra. Si era de tierra ¿cómo hizo? ¿Iba en barco? Si iba en barco, ¿por qué tardó tantos años?

Así que de niña, los mundos de María Elena y el mío chocaban en un constante bullir de ideas, preguntas, colores. Y sentido del humor. Mucho sentido del humor para calentar los días cuando el sol no brillaba tanto.

Ya mucho más grande, sus canciones y escritos para adultos, me despiertan emociones y me dejan pensando.

¿Y qué fue del grabador? Cuando mi papá se dio cuenta de que era cuidadosa, me dio permiso para usarlo cuando quisiera. Además de llenar mi vida de música, fue mi conejito de indias y el inicio de mis habilidades para empalmar cintas, desarmar cassettes, cambiar almohadillas y jugar con "cocodrilos". Los negros y rojos con cables, no los que muerden.

"Y me espera para bailar, loca de risa la espuma del mar". Hasta siempre, María Elena - con énfasis en el "siempre".

Thursday, January 13, 2011

A palabras cortantes, oídos de merthiolate

En estos días, vi en el muro de un amigo en Facebook una conversación sobre "respuestas mordaces" de nuestra infancia - si se me permite tomar la frase de la fantástica revista MAD.

Respuestas mordaces eran todo tipo de versitos o retruques que servían para dar por terminada una conversación entre pares que no iba en la dirección que nos interesaba o que, francamente, ya nos había aburrido.

Por ejemplo, la niña de mi amigo cerró una pequeña discusión con él de la siguiente manera: "canto y cierro, y me tragué la llavecita y no la puedo masticar".

En nuestra época, se usaban otras como: "Espejito rebotín, a mi me rebota y a vos, te explota" o el "A mí qué me importa, cara de torta. Pico largo, nariz corta".

En una vena un poco más fuerte: ‎"Corto mano, corto fierro, que te vayas al infierno. Cucharita, cucharón, que te coma un león" y "Que te vaya bien, que te pise un tren, que te dejen chato como una sartén".

O este, más elaborado:
- Yo, mil millones
- Yo, cien mil millones
- Yo, infinito
- Yo, infinito punto rojo (o azul)
- Yo, infinito punto rojo, casita de dios no se discute (con tono de punto final)

A mí, que soy medio componedora, eso de dar por terminadas las discusiones sin un consenso o al menos un amistoso disenso, me sabía mal desde chica. Así que no las usaba mucho.

Pero mis preferidas eran las de la variante: "A palabras cortantes, oídos de merthiolate" o "A palabras electrizantes, oídos desenchufados".

Es sabido que Mafalda podía apelar a insultos como "pichiruchi" o en una partida de ajedrez recurrir a la "Defensa Siciliana".

Y ustedes ¿cómo daban por terminada la contienda? ¿Se acuerdan de alguna más?