Saturday, June 18, 2011

Y cómo es él

Una amiga mía, ni muy joven ni muy vieja, confiesa que a medida que pasan los años, el estado del tiempo tiene más efectos sobre su ánimo. El invierno y los días grises, la ponen triste.

Y yo pienso: ¡No! Son los días grises del otoño, los que te ponen triste. Y al calor del fuego de mi hoguera, te recuerdo hoy. Ya lo dijo Perales.

Ahora, vamos, vamos, que yo sé que hay gente por acá a la que le gusta Banana. No me van a decir que no suspiraron con Perales.

A mí, José Luis Perales me llegó por parte de madre cuando era muy chica. Inmediatamente y de por vida me enamoré de una canción que se llama "El labrador". Cuando tuve edad de no sentir cargos de conciencia, le robé a mi mamá el cassette "Por si quieres conocerme", de 1976. Y cuando me llegó el turno de emigrar, ni pensé en devolverlo. El labrador se vino conmigo.

"Labrador, labrador, tu tierra te está llamando, ya está madura tu mies, labrador, y tu cigarra cantando y tus encinas al sol". Una preciosura.

Pero, conforme pasó el tiempo y nos hicimos adolescentes, las canciones de Perales que nos hacían el coco eran cosas como: "Te quiero, te quiero y eres el centro (con la "ze" a lo español) de mi corazón, te quiero, te quiero, como la tierra al sol".

Yo tenía dos cassettes con los 15 éxitos de Perales. Volumen 1 y Volumen 2, conseguidos a medio peso en una disquería de la peatonal San Martín en Mar del Plata. Recuerdo que entre mate con Chuker y apuntes de Derecho, estudiábamos con una amiga y cantábamos nuestros Perales a grito pelado.

Ahora, si había una de Perales que te hacía estallar el corazón, era: "Y cómo es él". Ya sea porque una era la dejada o simplemente de pensar que un hombre podría cantarte eso, no sé si los días grises del otoño te ponían tristes, pero se te caía la medibacha.

Decía así: "Mirándote a los ojos, juraría, que tienes algo nuevo que contarme. Empieza ya mujer, no tengas miedo, quizás para mañana sea tarde, quizás para mañana sea tarde... ¿Y cómo es él? , ¿En qué lugar se enamoró de tí?".

Yo no sé si eran las imágenes melancólicas de la canción o su alto grado de romanticismo, pero nunca pude cantarla sin detenerme a pensar en cuán trágica es la situación de un amor que se ha ido y la gallardía del sujeto, quien reconociendo la pérdida del amor, tiene la claridad de dejarla ir.

Suspiro… creo que ya por ese gesto, yo me enamoraría de vuelta, pero todos sabemos que cuando el amor se muere, se va. Ella se enamoró de otro. Kaput.

Hay otra canción de Perales que también tiene una temática similar pero un desenlace aún más triste. Dice así: "En la misma cama soñarán, ella y él. El con el amor que conquistó. Ella con él, ella con él. Ella le dirá que siente amor, sólo por él. El murmurará sin contestar, qué hora es, qué hora es". Es mejor así para los tres.

O por qué no, lo que podría ser el desenlace de la canción anterior, esa que decía: "Me llamas, para decirme que te marchas, que ya no aguantas más, que ya estás harta, de verle cada día, de compartir su cama, de domingos de fútbol metida en casa. Me dices que el amor igual que llega pasa y el tuyo se marchó por la ventana y encontró un lugar en otra cama".

"Y te has pintado la sonrisa de carmín, y te has colgado el bolso que te regaló y aquel vestido que nunca estrenaste, lo estrenás hoy y sales a la calle, buscando amor". Liberador.

Habrá quienes me digan que Perales no es Serrat. Que sus letras carecen de delicadezas y que habría que darle un poco más de leña. Pero lo que les falta en poesía, lo compensan en lecciones de vida.

Nosotros teníamos 15, 16, 17 años. El amor era lindo y era feo, pero más que nada era una promesa. Las canciones de Perales, te contaban una realidad posible. Otras realidades. Con lo lindo y con lo feo. Una realidad que siempre estuvo cerca.

En nombre de mi amiga, los dejo con ese himno de Perales, "Canción de otoño", cuando técnicamente todavía faltan unos días y aún no llega el invierno.

Andre, este posting es para vos. Cómo sopla el viento en las ventanas, cómo llueve hoy.

Saturday, June 11, 2011

Los cospeles de Entel

Un señor que es hoy y siempre fue muy respetable, robaba cospeles de Entel.

¿Se acuerdan? Los cospeles amarillo bronce, con el logo de Entel en una cara y dos ranuras gruesas en la otra. Había de corta y larga distancia. Los de larga distancia eran plateados.

Se llevaban con unos bonitos teléfonos naranjas, rectangulares. O su versión más monona de "el huevito", unas casetas modernas que albergaban el: teléfono naranja, rectangular.

Las casetas redondas adornaban, por ejemplo, calles y peatonales, como arbolitos de colores adonde uno se guarecía para hacer una llamada lejos de los ruidos de la calle y con cierta privacidad.

Yo tenía teléfono en casa - algo que en esa época no era tan corriente - así que usaba el teléfono público únicamente para hacer llamados a escondidas, llamados que no quería que mis padres escucharan.

Uno de esos llamados me tocó hacerlo desde la playa, en patas y mojada. Se ve que el teléfono naranja no habría de funcionar bien, porque cada vez que el cospel caía a mi me daba como una patadita.

El muchacho me interesaba, así que calavera no chilla, guardaba los cospeles que rapiñaba en unos tubitos de plástico que se colgaban al cuello y allá partía a probar suerte con la telefonía.

No era época de contestadores automáticos, ni identificador de llamadas, así que era una lotería: conecta no conecta, me atiende no me atiende. Yo no sé cómo los amores de verano prosperaban.

La cosa era tener suficientes cospeles por si el teléfono te los tragaba, se escuchaba mal o se cortaba la comunicación y había que volver a empezar. Así que lo importante era: rapiñar cospeles de Entel.

Y ya que hablamos de esto, volvamos al señor respetable que se los afanaba. La técnica consistía en tomar una pajita de bebida, cortar un pedacito y doblarlo por la mitad. Insertar luego la pajita doblada por la ranura en la que iban los cospeles. Sentarse a esperar o volver al día siguiente.

Cuando alguien insertaba un cospel, la ficha se encontraba con el obstáculo del pedazo de pajita y no bajaba. Por el peso de los cospeles, la pajita iba bajando y las fichas atascadas se acumulaban.

El secreto para hacerse de los cospeles consistía en insertar un alambrecito para empujar la pajita y hacer que cayeran.

¿Lo mejor? Es lo que este señor y sus amigos hacían con el botín.

Cuando pregunté si era lucrativo el trasiego de cospeles, me responde: "Los usábamos para comprar pan".

¿Pan? Sí, pebetes. "Con los cospeles comprábamos pebetes y nos los comíamos", dijo.

¿Así nomás? ¿Sin un jamón, un queso, un sanguchito? Sí. Así nomás.

Uno de esos señores respetables hoy puede ofrecerte mucho más que un pebete sin jamón, pero cuando eran jóvenes, esto es lo que hacían.

Hablando de vuelta de otras cosas que decíamos mal, ahora me acuerdo que también se escuchaba por ahí decir "cóspel", con acento en la "o". ¿O no?

Wednesday, June 1, 2011

¿Lo qué decís?

La pregunta de: ¿qué otra cosa decíamos mal? tuvo su éxito. A continuación, algunas palabras que según los memoriosos, decíamos mal en nuestra infancia.

No conté acá las pronunciaciones castellanizadas de palabras en inglés como “orsai”, "escaléctrix", “sánguche” o “fútbol” - aunque sí cabría poner “fulbo” o “fóbal”, deformaciones del vocablo antes mencionado.

El Tuta, comentó que para él tiene más sentido decir “tevelición” que televisión, y ahora que él lo dice, para mí también. Si usáramos tevelición, sólo tendríamos que referirnos a la T.V. o tevé y no existiría la “tele”. Más simple.

Ante la mención de “tergopol”, Irina acota: “¡Telgopor! (TELa de GOma POrosa)” y yo pienso: “Ja! Qué pregunta para el repechaje. Chupate esa mandarina”.

Tivy no se queda atrás y aporta: “pastafrola” o “pastaflora”. Ajá. Esta es una que me tocó buscar hace años. El uso corriente en nuestros pagos indica que la tarta es una “pastafrola”. Pero según encuentro, el nombre propio es Pasta Flora, dos palabras. Se trata de un dulce que se origina en Grecia, no sé si la antigua o la moderna. Como suele ocurrir con estas cosas, varios países se las disputan.

Igual pasa con el dulce de leche, manjar o arequipe. Y no me meto con la cajeta porque me dicen que en argentino suena feo. Y además, es de cabra. ¿Lo dejamos ahí?

Mi marido arriesgó “mondiola” por "bondiola", pero lo buscamos y son dos productos diferentes. Ambos existen y son correctos.

Pero, magistral como es, agregó utensillo. Así con doble “ll” y dicho con “ye” como cuchillo. Lo correcto, claro, es: utensilio. Un fenómeno.

Acá va la lista. Si todavía decís “calcamonía” o “tergopol”, bueno... cómo decírtelo, ya va siendo hora de crecer, que no de dejar la infancia atrás. ¿Nos falta alguna más?

Alverja
Almóndiga
Amídgalas
Anali
Calcamonía
Canzoncillos
Comisería
Dentrífico
Estuata
Estuatua
Fermacia
Gómito
Grabiel
Minalesa
Murciégalo
Pecsi
Polvadera
Resfalón
Semáfaro
Sojotas
Tergopol
Utensillo
Vedera