Tuesday, January 15, 2013

Dígale sí a Lincoln

La película "Lincoln" de Steven Spielberg me pareció buenísima. Por mí, que le den ya el Oscar de mejor actor a Daniel Day-Lewis y el de actor secundario a Tommy Lee Jones y nos ahorren largas horas de pavada y perorata. 

Cuando salí del cine, mi satisfacción con la película y su personaje histórico se expresó de una forma más bien infantil y sencilla: Dígale sí a Lincoln. No sé si hubiera sido su slogan de campaña presidencial, pero no está nada mal. Hasta jingle le tenemos: "A partir de Lincoln, dulce, todo, es más dulce Lincoln".

Una amiga, notó que hacía una distinción deliberada entre la galletita y la película y preguntó. He aquí mi respuesta un tanto culposa.

Para mí las tres galletitas de mi infancia primera son, sin dudarlo, Manón, Lincoln y Colegial. Las del paquetito chiquito, con cinco galletitas, que cabían en el bolsillo del guardapolvo y duraban todo el recreo. A esa edad, los recreos eran largos.

No me voy a detener hoy en el resto de las galletitas: Chocolinas, Coquitas, Melba, Opera, Merengadas, Mellizas, Rumba y Amor. Más tarde Sonrisas, Tentaciones, Porteñitas o Pepitos. 

De esas tres - las galletitas "fundacionales" de mi niñez - la Lincoln no me gustaba nada. No digo que fuera como la Cíndor, pero no la quería. La Manón, tampoco. Para mí era una galletita sin personalidad, de sabor demasiado suave y textura delicada, cuyo principal mérito era convertirse en Tita. La Lincoln le sacaba algunos puntos por crocante, pero no. Mi favorita, lo digo públicamente, era la galletita Colegial, de Bagley.

Hablando con mi marido me doy cuenta de que ambos recordábamos la galletita con el nombre equivocado como "Colegiales". Es Colegial, nomás. En paquetito de franjas rojas y verdes, con bordecito creativo, agujeritos en vez de puntitos, crocante y sabrosa, la síntesis perfecta entre la Manón y la Lincoln. 


Por alguna razón, en mi casa eran de Manón. Así que eso era lo que comía con más frecuencia. Manón de lata y Manón de paquete. Las Colegial eran, para mí, casi un lujo de quiosquito a la altura del Jack o los bloquecitos Suchard. Bueno, lo he dicho. 


Lo que sí me gustaba de Lincoln, eran las propagandas y el jingle. Recuerdo una en particular,  de 1973 o 74, en la que un nene precioso caminaba por la playa, descendía un avión liviano y bajaba alguien - tal vez el padre - y ahí sonaba el "a partir de Lincoln, dulce, todo es más dulce, Lincoln". Ellos compartían las galletitas y se alejaban por la playa en blanco y negro de mi memoria, mientras yo acá canto el jingle hasta nuestros días.  


Así que, Flor, la película me gustó. Las Lincoln, ya ves. Pero bien que salí del cine cantando: "Dígale sí a Lincoln, dígale sí a Terrabusi". Otra maravilla de la publicidad.

2 comments:

Martín Telechanski said...

La colegial estaba bien, pero nunca le llego a los talones a la lincoln!

flor said...

Toltalmente de acuerdo Marto! no hay como lunas
incoln "nuevas" ( cuando el paquete hace crish crish) con cafe ...me como todo el paquete casi sin respirar.
A la colegial/es no la regsitro, en cuanto a manon si .. mi mamá me compraba el paquetito pequeño..pero yo a paquetito pequeño preferia una oblea que creo se llamaba BESAME... tambien tita o rodesia que ya era un lujo.
A paquete grande sin relleno Lincoln toda la vida! y con relleno champagne u opera y de chocolate melbas. Saladas criollitas, desayuno y cerealitas.
Las facturas y las galletitas son el producto argentino que mas extraño...En Ezeiza siempre me gasto mis ultimos pesos argentinos en lincoln.